La película

La película (Relato Lesbico)

Sonó el timbre. Miré el reloj en la pared, eran las 10:15am. “Se estaba demorando” –dije para mis adentros-, normalmente venía más temprano, tipo nueve y media de la mañana; desde esa hora había estado esperando con ansiedad su llegada; ya me tenía acostumbrada a su presencia por las mañanas; desde que estaba en vacaciones venía todos los días sin falta y me hacía la visita, ella vivía en el noveno piso, yo en el quinto; según ella, se aburría mucho en la casa y le gustaba más estar conmigo; a mí me agradaba su compañía; era bueno tener con quien conversar para variar. Curiosamente no entablé conversación con ella en el edificio, sino en el súper; se acercó y me preguntó por algo, luego me dijo que que mi cara le resultaba familiar, que dónde vivía y cuando le dije el nombre del edificio me dijo:

—–“claro!, yo vivo en el noveno. Mucho gusto, Alejandra, pero dime Aleja”.

Toda la mañana me la había pasado viendo el reloj; desde que mi marido salió de la casa me empecé a sentir ansiosa; casi no había podido dormir pensando en eso; toda la noche me la pasé fantaseando con ella, me imaginaba su cuerpo desnudo, recordaba imágenes de la película que acababa de ver y las revivía pero imaginando que éramos nosotras dos, quería hacerle todo lo que había visto en la pelicula.
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La película (Relato Lésbico)

Sonó el timbre. Miré el reloj en la pared, eran las 10:15am. “Se estaba demorando” –dije para mis adentros-, normalmente venía más temprano, tipo nueve y media de la mañana; desde esa hora había estado esperando con ansiedad su llegada; ya me tenía acostumbrada a su presencia por las mañanas; desde que estaba en vacaciones venía todos los días sin falta y me hacía la visita, ella vivía en el noveno piso, yo en el quinto; según ella, se aburría mucho en la casa y le gustaba más estar conmigo; a mí me agradaba su compañía; era bueno tener con quien conversar para variar. Curiosamente no entablé conversación con ella en el edificio, sino en el súper; se acercó y me preguntó por algo, luego me dijo que que mi cara le resultaba familiar, que dónde vivía y cuando le dije el nombre del edificio me dijo:

—–“claro!, yo vivo en el noveno. Mucho gusto, Alejandra, pero dime Aleja”.
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