Regalo de Navidad (Relato Lésbico)

El día de Nochebuena me marché a casa de mis padres que está a 25 km. de mi casa. Esa noche íbamos a cenar mis padres y mis hermanos, junto a uno de mis tíos, su mujer y sus 2 hijos. Mis primos están solteros, la mayor se llama Inmaculada y tiene 30 años y José 26.

Después de cenar, como a las dos de la madrugada me despedí para venirme a mi casa pero me dolía un poco la cabeza. Trataron de convencerme para que me quedase allí, pero las estrecheces para quedarnos todos eran demasiadas. Mi prima Inma se ofreció para traerme en su coche y volver al día siguiente para la comida del día de Navidad, que también haríamos todos juntos. A la vez ella se quedaría a dormir en mi casa y habría mas sitio para los demás. Pareció una buena idea y nos marchamos las dos. Una vez en casa, la enseñé su habitación y nos despedimos hasta el día siguiente.

Por la mañana a eso de las diez, estando en la cama apareció Inma, en bata, preguntándome si estaba dormida. Le dije que no pero que no tenía ganas de levantarme todavía, me dijo que si no me importaba, se metería conmigo en la cama, para así poder charlar. Accedí de buen grado, advitiéndole que yo estaba desnuda, solo con un camisón y nada más. Riéndose me dijo que ella también solo llevaba la bata y se metió en la cama conmigo.

Yo con mi prima nunca había tenido mucha relación, quizás mas que nada por la diferencia de edad. Estuvimos hablando, le pregunté si tenía novio ya que edad tenía para estar casada, a lo que me contestó que no. Ella me preguntó a mí, por qué seguía soltera, porque ella sabía que había tenido pretendientes. Le respondí que mi destino era seguir soltera. También le pregunté yo, por su relación con los hombres, a lo que me respondió que no había tenido nada serio, que de vez en cuando tenía algún rollito de cama y nada más.

Ella me devolvió la pregunta y le respondí lo mismo, no quise decirle nada sobre mi condición de lesbiana. Con esa charla, yo empecé a excitarme y no le quitaba ojo del pecho que le veía a través de su bata entreabierta. No le dije nada pero me levanté al baño, para asearme ya que me había mojado un poco con la conversación y tenerla tan cerca a ella, empezaba a turbarme. Como mi camisón era totalmente transparente, ella me vio todo mi cuerpo y cuando volví, me comentó que estaba muy bien, y que hacía para conservarme. Me dijo que le gustaban mis tetas, que siempre le habían llamado la atención.

Me volví a acostar arrimándome a ella y pidiéndole que me enseñase las suyas para compararlas. Sin pensárselo se sacó la bata y mi sorpresa fue comprobar que realmente también estaba completamente desnuda como me había dicho ya que no llevaba tampoco bragas. Sus pechos eran pequeños, muy bien formados con dos pezones menudos pero muy oscuros al igual que las aureolas. Al tocárselos se estremeció, y sus pezones se endurecieron completamente poniéndose duros y tiesos, noté que le gustaba enormemente.

Me envalentoné y sin mediar palabra acerqué mis labios y los besé primero y después los empecé a chupar, mientras ella se dejaba hacer, suspirando de placer. Le pregunté si había hecho el amor con otra mujer alguna vez.

Respondiéndome, que sí lo había hecho, y que aunque no era lesbiana, sino bisexual le atraían mucho más las mujeres que los hombres. Sobre todo las maduritas bien conservadas como yo.

Me comentó que al verme desnuda a través del camisón, se había excitado muchísimo y que deseaba hacer el amor conmigo, pero que se había cortado al no saber si yo accedería y tal vez me enfadaría por su atrevimiento.

Echándome a reír me quité el camisón quedándonos las dos completamente desnudas, con mis tetas colgando al estar incorporada en la cama, diciéndole:

—–“Cariño vas a disfrutar de una mujer como nunca lo has hecho hasta ahora….” Comencé a acariciarla con mis manos, mientras buscaba su boca para besarla. Nos besamos profundamente mientras nos abrazábamos juntando nuestros cuerpos el uno contra el otro.

Yo encima de ella metiendo mi pierna entre las suyas buscando el calor de su coño. Empecé a frotárselo con mi muslo mientras notaba sus jugos húmedos en él. A la vez que la besaba no paraba de masajearle sus tetas y sus pezones con las palmas de mis manos, apretandoselas suavemente. Ella me devolvía las caricias pasándome sus manos por las nalgas abriéndomelas, acariciándome el culo y el coño separándome los labios vaginales e introduciendo un dedo en la vagina, al sacarlo buscaba mi clítoris para seguir magreandolo. Era toda una experta y sabía causarme placer.

Le pedí que se tumbara boca abajo, poniéndome a horcajadas sobre sus nalgas e inclinándome sobre ella apretando mis tetas sobre su espalda, besándole el cuello y la nuca, después recorrí su nuca y su cuello buscando sus orejas, con mi lengua. Me las metí en la boca chupándolas y mordisqueándolas, e introduje la punta de la lengua en su oído.

Estaba gozando mucho porque sus suspiros y jadeos eran cada vez más intensos. No dejaba de cimbrear mis caderas en un movimiento circular sobre sus nalgas, frotando mi coño contra ellas, ella notaba el calor de mi sexo y la humedad de mis jugos sobre ellas. Estaba totalmente entregaba a mí. Seguí recorriendo con mi lengua cada rincón de su cuerpo, le chupé, mamé y mordisqueé sus tetas y los pezones. Bajé por su tripa deteniéndome en el ombligo mientras le abría sus piernas y su coño pasándole mi mano por todo él introduciendo mis dedos en su vagina totalmente lubricada… Se corrió varias veces, pero no estaba satisfecha y me pedía más y más.

Después fue ella quién me devolvió todas las caricias necesarias hasta que llegué a un orgasmo tremendo, haciéndome correr y vaciar gran cantidad de jugos. Cuando recuperamos un poco el aliento retomamos las caricias y los besos y nos pusimos en un 69 en el que no tardó en volverse a correr, soltándome sus jugos en la boca, tragándomelos con verdadera ansia. Yo estaba tan caliente y dispuesta que quería follarla y disfrutarla al máximo. Así que nos pusimos en tijeras y empezamos a frotar frenéticamente nuestros coños, uno contra el otro, sintiendo como su clítoris, que lo tiene muy grande casi como un pequeño pene se me clavaba en mi sexo a cada envite.

Estuvimos moviéndonos sin parar hasta conseguir un nuevo orgasmo, quedando extenuadas una contra la otra y así nos quedamos adormiladas como una media hora. Al despertar, le pregunté como se sentía, diciéndome que no recordaba haber disfrutado tanto y que se sentía muy feliz y satisfecha. Le pregunté si tenía virgen el culo, me respondió que no, pero que muchas veces le causaban más dolor que placer.

Le dije que eso solo le pasaba con los tios, que conmigo sería diferente y si quería sentir este otro tipo de sensaciones, ya que todavía teníamos mucho tiempo para marcharnos a comer. Accedió gustosamente diciéndome que seguro que le gustaría. Prometí no defraudarla. Fuimos a baño y nos metimos juntas en la ducha lavándonos mutuamente sin dejar de bromear y de besarnos y acariciarnos. Le pedí que se agachara y separara las nalgas para asearle bien el culo enjabonándoselo bien y aprovechar la lubricación del jabón para meterle un dedo dentro aseándoselo completamente.

Después ella hizo lo propio conmigo. Nos secamos y cogiendo un consolador de dos puntas y un bote de aceite Johnson para bebés, nos volvimos a la cama. Nos pusimos otra vez en 69 pero esta vez, lamiéndonos el culo y ensalivándolo bien, ella me devolvía todo lo que yo le hacía. Empecé a introducirle un dedo en el ano muy despacio, mientras le echaba un poquito de aceite, hasta introducirle un dedo completamente iniciando un movimiento de mete y saca y circular. Después le eché más aceite y empecé a introducir dos dedos notando como su culo se iba dilatando muy despacio, hasta que conseguí metérselos enteros. A pesar de no ser virgen al principio notó esa sensación extraña y un poquito de dolor, pero rápidamente empezó a contonearse y mover las caderas pidiéndome más y jadeando de placer. Ella me mordía mi clítoris y metía sus dedos en mi culo que al estar muy dilatado y estar acostumbrado a las penetraciones anales no ofrecía ninguna resistencia a sus dedos empapados de saliva, ya que el mío no necesitaba mucha lubricación. Yo intentaba abrir los dedos que tenía metidos en su ano para conseguir una buena dilatación de los esfínteres.

Cuando consideré que estaba lo suficientemente dilatado cogí el consolador de dos puntas y bien lubricado se lo metí por sus dos agujero follándola primero lentamente, aumentando el movimiento a medida que ella me lo pedía. Le clavaba el consolador una y otra vez fuertemente por su culo y su coño, hasta que se volvió a correr otras dos veces, quedando completamente exhausta. Luego fue ella la que me lo metió a mí consiguiendo otro orgasmo. Cuando nos repusimos de estos últimos orgasmos, volvimos a la ducha las dos juntas, y desùés nos fuimos a comer.
Quedamos para repetir la experiencia siempre que nos fuera posible, ya que ella solo venía temporalmente.

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