De piel a piel (Relato Lésbico)

Hola, me llamo Alicia, tengo 26 años, estoy casada desde hace 2 años. Mi esposo trabaja en una compañía aseguradora y frecuentemente esta viajando, de reuniones o comidas de empresa yo a veces suelo acompañarlo cuando mi trabajo me lo permite, soy profesora de equitación.

Ricardo, mi marido, me adora, me complace en todo y es muy detallista, yo le quiero muchísimo, me casé realmente enamorada y nuestras relaciones íntimas siempre fueron maravillosas, los dos somos muy ardientes y vivíamos en una eterna luna de miel, yo pensaba que no se podía sentir mas placer cuando me penetraba y acariciaba. Soy alta, 1,70, de pelo castaño, ojos color miel, delgada, buen cuerpo, talla 90 de pecho, piernas largas y un culito que quita el hipo, buenas piernas debido a mi profesión y en buena forma física.

Un día, hace 4 meses, pasé por la oficina de Ricardo que habíamos quedado para almorzar y después me acompañaría a recoger unas botas a medida que había encargado y eran un regalo de él. Le encantaba que pasara por su trabajo, porque decía que sus compañeros babeaban al verme, y le encantaba saberme toda de él. Y así era.

Iba vestida de vaqueros, botas camperas y camisa de hilo, con la manga a medio brazo, y por la abertura de mi camisa se dejaba ver el canalillo de mis senos y algo del sujetador, eso le encantaba a mi esposo. Saludé a los compañeros de Ricardo que me iba encontrando al paso, llegué a su oficina y estaba hablando con un compañero, era el nuevo, llevaba dos semanas y era el nuevo perito. Nos presentó era un chico muy agradable y educado, guapo, alto, moreno y muy masculino. Ya era la hora de cerrar, el se despedió y salió de la oficina. Ricardo me abrazó, me besó y me dijo lo linda que estaba.

Estabamos ya en el restaurante, esperando mesa sentados en la barra tomándonos un vino, nos saludaron a la espalda y al girarnos era su nuevo compañero, Javier, al terminar de girarme en la butaca la ví, una mujer impresionante, rubia, ojos verdes, alta, enfundada en un vestido de hilo color azul claro, ajustdo al cuerpo y que cuerpo, era perfecta, bellísima, se parecía a Grace Kelly, EPD, tenía ese tipo de belleza, tenía todas las miradas sobre ella, giré mi vista hacia Ricardo y tuve que sonreirme interiormente, estaba como hipnotizado y yo tengo que admitir que en mi también reaccionó algo, al encontrarse nuestras miradas sentí un latigazo que me recorrió la columna, cosa que me dejó turbada, quería mirarla fijamente, recorrer con mi vista toda su cara, cuerpo, detallarle todos sus angulos, era bellísima, yo me sentía el patito feo, pero me encantaba la idea, de ver a Ricardo, como uno mas de sus compañeros, babeando al ver entrar este mujerón por la oficina, gustaba que fuese tan bella, toda ella gustaba. Nos presentamos, era la esposa de Javier, nada mas verla lo supe, los dos eran bellos, hacía una pareja bellísima, de voltearse al verlos pasar. Yo estaba nerviosa, ella no dejaba de mirarme, y al cruzarse nuestras miradas yo volvía a sentir el latigazo, que ya me llegaba hasta las entrañas y empezaba a sentirme excitada. Me sentía muy turbada, aún estaba impresionada con esta mujer, mientras que Ricardo ya estaba recuperado y la miraba como al camarero y continuó como siempre babeando al mirarme.

Nos pedimos otra mesa para cuatro, así que tuvimos que esperar 10 minutos mas, mientras nos presentabamos y hablabamos de cosas triviales, como donde vivíamos, en que trabajabamos… Nos sentamos y pedimos otros aperitivos y la comanda. Yo seguía cada vez mas nerviosa, no lograba entender que me pasaba, me costaba respirar, la tenía de frente, y cada vez que levantaba la mirada me encontraba con esos ojos verdes que parecían adivinar mi turbación, me miraban profundamente. Ricardo me miraba extrañado y tomó mi mano, pareció notar algo y se la llevó a los labios y me la besó, fue un acto bello y lleno de amor, yo le contesté con una sonrisa de intimidad.

Angela no paraba de preguntame por mi trabajo, ella tenía en mente empezar a trabajar con caballos, pero le faltaba bastante formación, y estaba estudiando en ello, aunque ya tenía su titulo desde hacía 4 años y consulta propia, tenía algunos propietarios de sus pacientes que tenían caballos y vacas, y le hacian consultas, quería saber bien por donde caminaba, así que estaba metida en eso. Yo contestaba sus preguntas, y me perdía en su mirada, tenía ganas de levantarme y tocarla, sentir su piel en mi piel, respirar su aroma… Me estaba volviendo loca? Me sentía mareadísima, no lograba respirar a pulmón, necesitaba refrescarme el cuello o me desmayaría.

Me apoyé en el lavamano, abrí el grifo, mojé mi mano y me la llevé a la frente, hice lo mismo con el cuello y me apoyé contra la pared, logré respirar mejor, se abrió la puerta y era ella, me preguntó que si me encontraba bien, si necesitaba algo. Entró a uno de los baños y salió con papel en la mano, se me acercó y comenzó a secarme la frente, las rodillas me fallaron cuando me llegó su aroma, me entraron unas locas ganas de meter mi nariz en el canalillo de sus senos y aspirar todo su olor. Me agarró por la cintura me pegó a ella y me abrazó tiernamente, me dijo al oído:

—–“te vas a desmayar?… y yo casi que me desmayo, al sentir su cuerpo pegado al mío, no olía nada mas sino a ella, y su voz susurrando en mi oído casi me llevan al orgasmo… necesitaba aire… me soltó y me preguntó que si estaba bien, yo le dije que si, que solo había sido un mareo.

Nos volvimos a la mesa, terminamos la velada, y yo seguía turbada. Nos despedimos y quedamos en que nos llamaríamos para preparar una cena. Ella se llevó mi mirada, mi pensamiento, mis sueños…

Esa noche hice el amor con Ricardo con ella metida en mi mente. Me levanté temprano, me duché y vestí antes que Ricardo se despertara, así evitaba hacer el amor con él, no me apetecía, sólo tenía en mi mente a Angela.

Estaba en el club montando a uno de mis caballos, estaba saliendo del camino de la entrada, subiendo ya la loma para irme de paseo cuando me sonó el móvil. Contesté y me dijeron:

—–“Eres tú la bella amazona que estoy viendo desde el coche? Era su voz, Angela, me giré en el caballo y la busqué, por el camino de tierra venía un todoterreno, el sol no me dejaba ver al dr en los cristales. Se acercó y paró a mi lado, subiendo el coche lo mas que pudo, a mi me entró la tembladera, y tuve que sacarme los pies de los estribos para que no notara como me temblaban. Salté del caballo y con las riendas en la mano me acerqué a ella mientras ella se bajaba del coche.

Se acercó y me abrazó como lo hizo en el cuarto de baño del restaurante, yo me entregué a ese abrazo, ella también se entregó, nuestros cuerpos se pegaron, nos dimos un beso tierno y pegando bien nuestros labios en nuestros cachetes, nos separamos y nos miramos a los ojos, estaba claro que las dos sentíamos algo, que lo sabíamos, que nos gustaba, y que luchar contra ello no nos serviría de mucho. Le dije que me esperara media hora, que paseaba un rato a Trompo y volvía a las cuadras para atenderla como se merecía. Me fui feliz a pasear, mas relajada a lo que sentía, me gustaba esa mujer, quería conocerla… quería hacerle el amor, recorrerla toda, poseerla toda. La amaba. Me di cuenta que si me lo pedía sería de ella desde que me abrazó en el cuarto de baño.

Al llegar del paseo la busqué, la subí a Trompo a pelo, la llevaba al lavadero para mojare las patas y limpiarle los cascos que los traía llenos de barro, estaba asustada, pero se fiaba de mi, se veía espectacular encima del caballo, los moscones del club buscaban excusas para acercarse a mirar y buscaban conversación, nosotras nos sonreiamos picaramente sabiendo las intenciones.

Así nos fuimos a la cuadra, con ella encima, se agachó para entrar sin darse en la cabeza con la puerta, coloque al caballo y levanté los brazos para ayudarla a bajarse, se giró y se dejó caer sobre mi cuerpo, se escurrió en el y quedamos totalmente pegadas, mis brazos a su espalda pegándola a mi, sus manos en mis hombros… una mano se delizó entre mi cabello y atrajo mi cara a su cara, y me besó con mucha ternura en los labios, acarició mi cara y me miró a los ojos, yo la atraje mas hacía mi y la besé con pasión, besé su boca, su cara, sus ojos, su cuello, quería seguir besandola el resto de mi vida, no quería que pasase ese momento.

Nos envolvió la pasión, de los besos pasamos a las caricias, nuestras manos recorrían nuestros cuerpos, estábamos envueltas en nuestra entrega… sentimos voces y nos separamos, respirábamos aceleradamente, y nuestras miradas gritaban el deseo que sentíamos. Terminamos el caballo y salimos del club en su coche, aparcamos por uno de los caminos de tierra y nos lanzamos a los brazos de la otra, tenía su cara en mis manos, podía mirarla, decirle lo bella que era, así nos pasamos un rato, besándonos, acariciándonos, diciéndonos lo bellas que eramos y todo lo que habíamos sentido desde que nos conocimos.

Aunque parezca mentira, la amaba con todo mi ser, la sentía mía y me sentía de ella como no me había sentido jamas de nadie, ni siquiera de Ricardo. Nos hablamos y contados de todo entre besos y caricias, la deseaba en ese mismo momento, quería hacerla mia, darme a ella. Se hacía tarde y teníamos compromisos, teníamos que separarmos y seguir con la vida. Quedamos en llamarnos y estar en contacto, los mensajes y llamadas eran constantes, menos cuando estábamos con nuestras parejas. Así pasaron dos semanas, de vernos a ratos a escondidas entre besos mientras planeábamos vernos a solas, pues ya no aguantábamos el deseo, y notábamos un cambio en el deseo a nuestros maridos, hacíamos el amor con ellos por cumplir y fingiendo.

Llegó el día de vernos a solas, quedamos en un hotel y lo planeamos para estar todo el día juntas. Nuestros maridos no se extrañaron que pasásemos el día haciendo algo pues veía que nos habíamos hecho muy buenas amigas, estaban encantados que tuviesemos una amiga en el ambiente de sus trabajos. Nosotras también estábamos encantadas. Dijimos que íbamos a un spa.

Llegamos al hotel juntas, nerviosas y felices, nuestras miradas nos lo decían todo, entramos a la habitación con el encargado de mostrarla, el tipo se fijó en nuestras miradas y comprendió que sobraba, se fue nada mas abrir la puerta. Soltamos los bolsos y nos fundimos en nosotras, no se explicar lo que siento en sus brazos, es como si en mi piel tuviese también mi alma sintiendo cada caricia, cada beso, cada susurro de amor que secretamente me dice al oído, la siento en cada célula de mi ser, hasta como se apodera esa sensualidad en todos mis órganos y sentidos. Mi entrega es total, puede hacer de mi lo que le plazca, y hacerla mía a mi antojo. La empiezo a desvestir, hay tanta sensualidad que solo desabrocharle los botones de la camisa me hace suspirar y sentir un cosquilleo por todo mi cuerpo, mi vagina palpita, mi flujo ya no tenía control, ya mi boca podrá degustar su piel y mis manos recorrerla y explorarla, le saco la camisa, sus senos dentro del sujetador estan hinchados, ansiosos, los atrapo en mis manos aun con el sujetador, acerco mi cara y huelo entre el canalillo, rujo de placer, que ricura de olor, me pierdo en su aroma y beso sus senos con pasión, los libero, los admiro, los toco, los agarro, huelo sus pezones y mi nariz se deleita un rato en ellos, mi boca los busca ansiosa, ella se arquea de placer al sentir la suavidad de mi boca en sus pezones.

Subo a su cuello, huelo, beso, subo a su boca y mientras la beso le digo lo rico y bellos que tiene los senos, mientras mis manos los acarician y empiezan a bajar para desabrochar su falda, sus manos suben a mi traje mientras acarician mis muslos, llegan a mis nalgas y se agarran a ellas, me dice lo durita que estoy, y cuela las manos entre mis braguitas y mis nalgas, con ambas manos me las aprieta, y me pega a su sexo, nuestros sexos se chocan y nos pegamos llenas de deseo contenido, con ganas de estallar en un orgasmo, sus manos no dejan de explorar y abren mis nalgas y buscan mi sexo, su dedo se acerca y nota la humedad, se pega mas a mi y baja mas la mano, hasta llegar con su dedo a mi centro, yo gimo de placer pegada a su oído, su falda cae al suelo, ya ella está solo en bragas, yo aún vestida, me besa con pasión, me trabaja mas con su dedo y me termina de desvestir, mete su mano en mi sexo y sus dedos me recorren toda, exploran cada punto de mi sexo, con suavidad, sin prisas, con la máxima ternura, mis jugos facilitan esa exploración, yo estoy pegada a ella, estamos de pie, no dejo de gemir y de decirle cuanto la amo y lo bella que es, ella me responde con frases bellas de amor, creo que voy a estallar de placer, la suavidad de su piel, su perfume, su voz… así estallé en mi primer orgasmo con ella, fue lo mas rico que había sentido nunca, no lo que sentiría después, pero si que nunca había tenido un orgasmo tan tierno.

Me llevó a la cama, me empujó y me tiró de espaldas en ella, me abrió las piernas y acercó su boca a mi sexo, pasó la lengua con mucha suavidad por el, yo me retorcí de placer, no era la primera vez que me lo hacían, pero si la primera que sentía tanto placer, la pasó por segunda vez entre un grito gruñido de placer desde mi ano a mi sexo, me comió completa, su lengua entraba y salia de mis orificios llena de deseo, yo me dejé ir unas cuantas veces en su boca, quería besarla, comérmela también, me moría de ganas por probarla, pero no me dejaba, me ponía los brazos para arriba y me volteaba a su antojo, yo me entregué totalmente a sus deseos y la deje disfrutarme a gusto, me dió un placer que jamas imaginé, me penetró con sus dedos tanto vaginal como análmente, y me entregué a gusto, no hubo dolor en ningún momento, solo placer, a Ricardo no le permitía hacer esas cosas, ni intentarlo, por mas que el insistía en poseer mi culo aunque fuese con el dedo.

Metió hasta sus pezones en mis orificios, eso me fascinó y tuve un orgasmo bello con su pezón en mi clítoris. Yo no aguante mas y la tumbé de espaldas en la cama, le quite las braguitas que aun las tenía puestas y la abrí de piernas mientras la admiraba y tocaba su sexo con una mano, ella intentaba quitar mi mano y protestaba que aún no se saciaba de amarme, que quería seguir en mi, yo me lancé a su sexo y golosa me lo metí completo en la boca, estaba divinamente depilado, rosadito, palpitante, húmedo, mi boca saboreo por primera vez su néctar, volví a gruñir de gusto… DIOS, QUE RICO… mi lengua recorría desesparada cada punto de esas flor, ella dejó de luchar y protestar y mi boca se relajó también, me dediqué a chupar, lamer y meter mi lengua en su sexo, a cada orgasmo yo golosa la limpiaba, como podía ser tan rico.

Subí a ella y la besé con pasión, besé cada parte de su cuerpo, volví a irme en su seno, era demasiado rico irme en su pezón, apenas rozando mi clitoris, pero sabiendo que esta ahí, acariciando. la giré y me entretuve en sus nalgas, tan perfectas, duritas, paraditas, las besé, mordí con ternura, sobé, y mi lengua coló por su raja, la levanté de culo, abrí sus nalgas y mi lengua busco su ano, me entretuve lubricandolo, metiendo apenas mi lengua en el y mi mano
se deslizaba en los fluidos de sus vagina. La penetre vaginalmente con los dedos, poco a poco, con suavidad y sin prisas, con miedo a dañarla, solo deseaba su placer, y mi placer era amarla con la mayor dulzura y suavidad posible.

Mi lengua hacía lo mismo en su ano, lo penetraba suavemente, ella se retorcía y gemía de placer. Así estuve gozándola hasta que aumenté la intensidad, mi saliva resbalaba en sus nalgas y se mezclaba con su flujo, ella me iba describiendo lo que le hacía, entre suspiros y grititos, yo estaba en la gloria, estalló en un intenso y largo orgasmo, yo mantuve todo dentro de ella, hasta lo máximo que podía, hasta que se derrumbó vencida en la cama. La giré, me acosté totalmente sobre ella, pegué mi sexo a su pierna, lo abrí en ella, la abracé metiendo mis brazos en sus hombros, así la pegaba mas a mi, mi boca y nariz en su cuello, respirándola y diciéndole todo lo que sentía por ella, lo rica que estaba, así me corrí en su pierna, diciéndole cuanto la amaba.

Nos besamos y acariciamos hasta caer en un dulce sueño totalmente abrazadas, al movernos buscándonos, nos despertábamos y nos amábamos, nos entregábamos, nos comíamos y poseíamos a nuestro antojo. Su cuerpo era mío, TODA ella era mía. Y yo TODA suya.

Después de muchas lágrimas nos separamos, teníamos que llegar a nuestros hogares, donde nos esperaban los hombres que nos amaban, mas que amarnos eramos su vida… como lo eramos nosotras.

Llegamos al acuerdo que no los podíamos dejar, a lo mejor con el tiempo… Es que de verdad que no se merecen esto, nos quieren demasiado, les haríamos muchísimo daño, y así tampoco seríamos mas felices.

Así que a día de hoy, aún continuamos igual, casadas, haciendo feliz a nuestros maridos todo lo máximo que podemos… y amándonos nosotras cada día mas.

Ya se que no es el ideal de vida, pero su amor compensa todo lo demás. Nuestros momentos los vivimos al máximo y su amor es lo mas grande que me ha pasado en la vida. Estamos hablando sobre quedar embarazadas, a mi me encantaría tener hijos y sentirlos como si fuesen de ella.

Cuando mantenemos relaciones con nuestras parejas y tenemos dudas de la seguridad ante un posible embarazo, corremos a los brazos de la otra, a entregarnos, para que de ser así, sintamos ese hijo como mas nuestro.

“Angela, eres mi vida. Te amo por sobre todas las cosas.”

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