Mis adorables primitas (Relato Lésbico)

 

Una vez más me lo tuvo que repetir mi madre:
–Sara, recuerda que son tus primas. Pórtate bien con ellas.
–Vaaaaaaale.
–Es que no entiendo por qué tienes que ser tan antipática con ellas, si son unas chicas muy majas. Qué pesada era mi madre!. Ya estaba hasta las narices de la visita familiar y todavía no habían llegado.
–Que sí, mamá, que seré muy buena con la Pixi y la Dixi.
–Ni se te ocurra llamarlas así! -se escandalizó ella, pero yo me eché a reír porque así es como me gustaba llamarlas de siempre. A mamá también le hacía gracia en el fondo pero no quería reconocerlo.
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La casita de peluche (Relato Lésbico)

 

Mi nombre es Julia y el recuerdo de aquella casita de peluche me hace todavía temblar. Yo era entonces una chica algo frívola y ligerilla de cascos, a la que cuando se le calentaba el coco y lo que no era el coco tiraba por la calle de en medio, eso me había hecho coger una relativa fama de insoportable, creída y no se cuantos calificativos mas, hasta que por fin mi vista se posó en aquella casa a las afueras de la ciudad. Era una casa preciosa. CASITA DE PELUCHE. Rezaba un cartel en su puerta. Se vende. No se por que aquella casa comenzó a convertirse en una obsesión para mi. No paré hasta que se lo dije a la única amiga que me quedaba: Claudia.
–Una casita de peluche, Cómo los osos? – preguntó mi amiga medio en serio medio en broma.
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El secreto de Artemisa (Relato Lésbico)

 

El joven Acteón secó el sudor de su frente con el dorso de la mano. A pesar de la sombra de las viejas encinas del monte Citerón, el día era caluroso y Acteón sentíase agotado de perseguir en vano al ciervo que había escapado a sus afiladas flechas y a sus veloces perros El príncipe tebano se jactaba de ser el más diestro cazador entre los griegos gracias a las enseñanzas del sabio centauro Quirón, pero la fortuna es la que finalmente dispone sí el esfuerzo del cazador será o no recompensado y esa tarde no había querido ser generosa. Como estuviera sediento, el joven se sentó sobre una piedra para beber algo del agua que llevaba. Viendo a su alrededor a sus numerosos perros, magníficos y soberbios animales, jadear por la sed, sintió compasión por ellos, recordó que no muy lejos había un estanque de aguas claras y siempre frescas.
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