De buena familia (Relato Lésbico)

 

Para la señora Robledo tomar el té mientras charlaba con sus amigas era el mayor divertimento del día y el que mejor correspondía a la esposa de un importante ejecutivo y dama de una familia de distinguido apellido. Las buenas señoras aprovechaban ese momento sagrado de cada día en casa de una de ellas y buscaban algún tema de conversación. Esta vez hablaban de los jóvenes, y está claro que no para bien.
–La juventud está completamente loca. Han perdido la moral y la decencia. No lo digo porque sí: mi Julia no piensa más que en chicos y en largarse de juerga por las noches hasta las tantas, y con una minifalda y unas botas que son una vergüenza. Cuando pienso en nosotras, que éramos tan decentes!.
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Mis adorables primitas (Relato Lésbico)

 

Una vez más me lo tuvo que repetir mi madre:
–Sara, recuerda que son tus primas. Pórtate bien con ellas.
–Vaaaaaaale.
–Es que no entiendo por qué tienes que ser tan antipática con ellas, si son unas chicas muy majas. Qué pesada era mi madre!. Ya estaba hasta las narices de la visita familiar y todavía no habían llegado.
–Que sí, mamá, que seré muy buena con la Pixi y la Dixi.
–Ni se te ocurra llamarlas así! -se escandalizó ella, pero yo me eché a reír porque así es como me gustaba llamarlas de siempre. A mamá también le hacía gracia en el fondo pero no quería reconocerlo.
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La casita de peluche (Relato Lésbico)

 

Mi nombre es Julia y el recuerdo de aquella casita de peluche me hace todavía temblar. Yo era entonces una chica algo frívola y ligerilla de cascos, a la que cuando se le calentaba el coco y lo que no era el coco tiraba por la calle de en medio, eso me había hecho coger una relativa fama de insoportable, creída y no se cuantos calificativos mas, hasta que por fin mi vista se posó en aquella casa a las afueras de la ciudad. Era una casa preciosa. CASITA DE PELUCHE. Rezaba un cartel en su puerta. Se vende. No se por que aquella casa comenzó a convertirse en una obsesión para mi. No paré hasta que se lo dije a la única amiga que me quedaba: Claudia.
–Una casita de peluche, Cómo los osos? – preguntó mi amiga medio en serio medio en broma.
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