pelirrojas lesbianas

Atando cabos (1 de 3): Aria y las amantes de la Torre (Relato Lésbico)

Proa, popa, babor, estribor. No importaba dónde estuviera porque, fuera donde fuese, seguía oyendo su voz por el sistema de megafonía del barco.

El primer día me fijé en qué decía, aunque era lo mismo que explicaba cualquier guía turístico a bordo de un barco que baja por el Támesis. El segundo, me concentré en cómo lo decía: gastaba bromas a los pasajeros, arrancándoles más de una carcajada. Y aunque al principio sus chistes no me hacían ninguna gracia, acabé riéndome con ella mientras me aseguraba de que todo estuviera en orden en cubierta.

Al final, empecé a conocer su voz. No me había fijado hasta entonces, lo cual había sido un gravísimo error, porque era bonita y aterciopelada. Tanto es así que no importaba lo que dijera, parecía cercana. Su tono era firme, seguro, y, siempre que hablaba de la ciudad, lo hacía de forma apasionada, como si estuviera completamente enamorada de la City.
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Primero con ascensor (2 de 2) (Relato Lésbico)

A Gemma, la voz del intercomunicador le llegó casi amortiguada, como si estuvieran en otra dimensión. Era música de fondo, nada importante, nada que pudiera hacerla detenerse. Porque mientras sus dedos fueran entrando y saliendo rítmicamente en el cuerpo de su vecina, no podía imaginarse algo que la obligara a parar.

Helka, por el contrario, oyó a la perfección aquella voz femenina, pero decidió ignorarla. Ella tampoco podía pensar porqué debería dejar de gemir, si lo estaba pasando tan bien. Lo que sí hizo fue acallar sus gemidos con fuertes mordiscos en el cuello de la morena, no fuera a ser que la mujer al otro lado del ascensor la oyera.

Sin pretenderlo, aquel gesto se volvió extraordinariamente sensual e íntimo, porque Gemma comenzó a jadear tan bajito como podía, y en cuestión de segundos lo único que se oía era el sonido húmedo de sus dedos penetrándola. De pronto, salir de aquel cubículo ya no era una prioridad. Le faltaba el aire, claro que sí, pero no era porque en aquel metro cuadrado se estuviera acabando el oxígeno.
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Primero con ascensor (1 de 2) (Relato Lésbico)

Las dos chicas entraron en el ascensor y dejaron la caja en el suelo. Resoplaron casi al unísono cuando aquello ocurrió, soltando una carcajada.

—–“Sí que pesa el maldito árbol!. Espero que la Navidad en tu piso merezca la pena. La morena rio y asintió varias veces, manteniéndose callada para no desvelar sorpresas antes de tiempo. Claro que merecería la pena, iba a ser la primera Navidad que pasaría en Finlandia y aunque dejaba lejos a su familia, había invitado a todas las amigas que tenía en los pocos meses que llevaba en aquel gélido país.
—–“El ascensor está un poco viejo, ves?. dijo cambiando de tema radicalmente y señalando el panel de botones, donde algunos se iluminaban. Está loco.
—–“¡Deja de quejarte por todo! Necesitas un polvo ya, Gemma, aseguró su amiga mientras salían del ascensor.
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Carolina descubre su lado lésbico (Relato Lésbico)

Hola, mi nombre es Carolina, tengo 25 años de edad, soy una chica de piel morena clara, pelo largo lacio y negro, negrísimo, desde chica siempre he tenido muy buena pierna, eso es algo que siempre les ha atraído a los chavos de mi y (también a las chavas, como ya me he dado cuenta) vivo sola, acabo de rentar un departamento pequeño pero muy acogedor, y quiero contarles mi historia.

Todo comienza un domingo por la tarde, fui a visitar a mi madre a su casa; mi carro estaba descompuesto, así que decidí irme caminando, además de que siempre me ha gustado caminar para mantener mis piernas firmes.

De regreso a mi casa y metida en mis pensamientos me di cuenta que una chica que venía hacia mí me miraba fijamente; a simple vista noté que era una mujer que no conocía, pero conforme se fue acercando me di cuenta que tenía cierto parecido con una amiga de la infancia. Se acercó a mí sonriendo y me saludó:
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La educacion de la Sra. Patizo (4 de 4) (Relato Lésbico)

Como digo, desde entonces cambió mi comportamiento sexual, y el de mi marido. Lo hacíamos más frecuentemente. El morbo había despertado nuestra sed y nuestra imaginación. Mi marido me masturbaba con frecuencia y luego yo “se lo agradecía”, como me habían enseñado en la academia de Mister Ratzer.

Una mañana, la chica del servicio, Celia acababa de entrar por la puerta de la casa. Durante el tiempo que duró mi educación, mi marido le dio una llave que ahora usaba sin la menor vergüenza. Mi marido se cogió un día libre, ya que había llegado el día antes de madrugada de un viaje, o lo que fuera. Los dos estábamos en la cama cuando mi marido llamó a Celia. Le afeé el que Celia nos pudiera ver a los dos en la cama, pues aunque la sábana nos tapaba, él estaba desnudo y yo dormía por orden suya, desde que me eduqué, sólo con unas braguitas. Mi marido le pidió a Celia que le trajera el café a la cama. Celia me miró rencorosa. Yo la verdad es que no sabía que hacer con esta chica.
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La educacion de la Sra. Patizo (3 de 4) (Relato Lésbico)

Encontré a Celia, la chica del servicio un poco desmotivada, distante, como rencorosa. Lo digo ahora, para que vayan viendo venir los acontecimientos. El sexo con mi marido había mejorado, desde que llegué de la academia, un montón. Lo hacíamos con frecuencia y apasionadamente, además de las veces que jugaba a tratarme como una esclava. Me trataba con muy poco respeto en la cama y aquello me hacía sentir mayor placer.

Claro que no hay que olvidar que el fin último de mi educación era hacerme estar dispuesta a aceptarlo todo en el sexo, todo de todo. Y no tenía que tardar el día en el que mi marido me propondría la primera cosa rara.

Esa tarde mi marido llegó alegremente y me dijo que había invitado a Tony y Kuka a cenar. Mi marido era por termino general bastante poco sociable pero siempre había sido muy amigo de Tony. Me pareció una idea estupenda.
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La educacion de la Sra. Patizo (2 de 4) (Relato Lésbico)

A la mañana siguiente no trabajé. Lou me sirvió el desayuno cuando me levanté un poco sobresaltada, pues eran las diez menos diez. -Hoy ser tu gran día.- Lou me permitió que me bañara por primera vez empleando el tiempo que yo quise y me esperó a la salida del baño con una toalla limpia, grande y suave. Me pintó las uñas de los pies y de las manos de un rojo intenso, y luego me peinó, dejando mi pelo liso, pero haciendo con él una triste coleta. AL cabo de un rato me dijo que me conduciría a donde estaban el señor Ratzer y mi marido. Por fin mi marido.

Tenía muy buen aspecto. Estaba sentado junto a aquel inglés amanerado. Quise besarlo pero Lou me cogió para impedirlo. -Tu por favor, portarte como buena puta.- Así que me quedé de pié, con las piernas separadas y las manos tras mi espalda. Entre los sillones había una mesita en la que podía ver una maquinilla desechable de afeitar y un bote de espuma en spray.
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La educacion de la Sra. Patizo (1 de 4) (Relato Lésbico)

Soy la señora de Patizo. Lo que os voy a contar me sucedió hace ya algunos meses. No se como mi marido logró convencerme para asistir a las clases de educación del señor Ratzer, un inglés de aspecto femenino y delicado. En realidad no tenía alternativa, después de haberle convertido en un “ciervo”, me lo puso claro:

—–“O el divorcio o la academia. Elegí lo segundo.

Al abrir la puerta de entrada en aquella gran mansión, nos abrió una chica oriental, bajita, de ojos muy negros y rasgados. Tenía el tipo gracioso, marcado por las líneas exuberantes de sus caderas, y la gracia de sus pechos pequeños pero resultones, bajo la bata de seda. Nos llevó ante su señor, que nos esperaba sentado en una butaca.
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