Esa señora, mi vida (Relato Lésbico)

Me llamo Mónica, tengo 23 años, aunque mi historia comienza a mis 18 años, cuando entré en la universidad. Soy alta, 1,72, rubia con melenita hasta los hombros, femenina, delgada, muy buen cuerpo, ojos verdes… no es que no tenga abuela, sino que de verdad soy linda.

En mi época de la niñez a la pubertad me di cuenta que yo no funcionaba como las demás chicas, no me atraían los chicos como a mis amiguitas, me atraían ellas. Con esa edad, impensable besar a otra chica por mas que lo desearas, al menos yo no era capaz, me daba pánico pensar que lo contaran y que llegara a oídos de mis padres, por ejemplo. Así que salía con chicos, novios no me faltaban, pero no me gustaba que me besaran y mucho menos que pretendieran algo mas que una rozadita por mis pechos. Me desarrolle a los 9 años, así que a los 13 ya mis senos se estaban tornando a los que son hoy en día, una 100. Por el contrario me moría por poder besar a la profesora de Biología, me encantaba, era muy sexy. Pero lo dicho, yo nunca me atreví, ni el día de la graduación que dicha profe me siguió toda la velada diciéndome lo guapa que estaba y como le encantaría poder sacarme a bailar, o cuando alguna compañera del cole se propasaba en caricias. Llegué a la universidad siendo virgen.

Me matriculé en Veterinaria. No me costó hacer amigos, sobre todo chicos, ellos son los primeros que se ofrecen para lo que gustes. Y también conocí a mi mejor amiga, Paola, una chica bellísima, de pelo largo negro, 1,70 altura, ojos marrones claros y un cuerpazo, estaba en mi curso y coincidíamos en todas las clases, conectamos enseguida y nos hicimos casi inseparables, pero éramos solo eso, amigas.

Nunca he sentido por ella otro sentimiento mas allá de la amistad, con mucho amor y roce, pero como hermanas. Paola tenía 20 años, novio formal que se casarían terminado ese curso y una madre espectacular. Yo a los 15 años me había quedado huérfana de padres por un accidente. Mi hermana y yo nos quedamos con mis abuelos maternos. Un año después, al morir mi abuelo, nos fuimos a casa de una tía, donde viven mi abuela y hermana.

Me trasladé de ciudad para venir a estudiar, y alquilé un pequeño apartamento cerca de la facultad. Mis padres nos habían dejado la vida resuelta, así que podría estudiar sin preocupaciones. Habían pasado 3 meses desde el inicio de las clases, todo iba bien. Algún fin de semana me iba de visita a la casa de mi tía.

Solía ir mucho a casa de Paola, que vivíamos cerca y casi siempre almorzaba con ella. Pero no había coincidido nunca con la madre, Carmen, que era odontóloga y trabajaba bastante, pero nunca descuidando a la hija. Por las fotos que habían por la casa se veía que la madre era muy guapa; las fotos no plasmaban la realidad de su belleza.

Conocí a Carmen un viernes, Paola y yo teníamos que terminar unos trabajos y estudiar bastante para los exámenes trimestrales. Y habíamos quedado en que yo me quedaba ese fin de semana en su casa para estudiar y disfrutar relajándonos en la piscina. Y así estábamos ese día Paola y yo en la piscina, solas en la casa, la chica de servicio se había ido ese fin de semana, sólo con la tanguita y los pechos al aire, la zona de la piscina quedaba totalmente oculta a la calle o vecinos, así que estábamos totalmente a salvo. Cualquiera se hubiese vuelto loco de poder vernos, éramos dos auténticas bellezas, y no se si está mal que yo lo diga, pero es así.

Carmen llegó mas temprano de lo previsto, Paola al sentirla se volvió como loca y corrió hacía ella, yo no alcanzaba a verla sino en parte, porque la hija la besaba y abrazaba con verdadero amor, era algo mas alta que la hija, y mas alta que yo también. Era preciosa. Espectacularmente bella. Pelo corto castaño claro, alta, delgada pero bien puesta, con buenas carnes, piernas largas, senos pequeños para su estatura pero que prometían. Mi cabeza era un torbellino entre sentir admiración ante esa mujer, o el deseo que me llevaba a conocerla mas íntimamente. Ganaban las dos.

Paola vino hacía mi y me abrazo feliz mientras nos decía que al fin nos conocíamos, yo al sentirla desnuda fui consciente de mi propia desnudez. Paola me soltó y me empujó fuerte hacía su madre, la cual me atajó pues casi no me caigo, terminé totalmente estampada contra esa mujer que me tenía en una nube, su mano había pillado una muñeca mía, y me había doblado el brazo sobre mi espalda, así atrajo todo mi cuerpo hacía ella, mis senos chocaron sobre los suyos, cuando miré hacía ella su mirada estaba clavada en mis pechos y levantó su mirada hacía la mía, ese fue el momento en que me enamoré de ella, esos ojos verdes, bellísimos, me dijeron todo en un segundo; para ambas, por lo que yo sentí, fue una sorpresa, como un descubrimiento de la otra, un deseo que sólo comenzaba. Mis senos respondieron a ello, y si hasta ahora se habían mantenido frígidos, ahora se desquitaron del todo, el roce ante esa mujer y esa mirada fue mucho para ellos.

Nos besamos en las mejillas, ella no me soltó, solo me separó hacía un lado, manteniendo mi brazo detrás de mi espalda, así mi pecho quedaba altivo, se fijó en ellos con disimulo y buscó mi mirada un segundo, otra vez esa descarga que me atraviesa de abajo hacía arriba que casi me hace jadear, y no mejora la situación de mis pezones, que juegan a ser el deseo de la boca de esa mujer. Su aroma me envuelve. Labios gruesos y bien perfilados, dientes perfectos… como será la caricia de su lengua… estaba perdida.

Al fin nos sentamos y nos pusimos a hablar, Carmen me comía a preguntas, yo intentaba esconder mi turbación, mis pezones jugaban al escondite con su mirada. Estaba mareada, y aunque aún hacía algo de fresco decidí darme un baño, el agua estaba helada pero nadé un rato así las dejaba solas unos minutos, al salir de la piscina Carmen venía hacia mi diciéndome que ya volvía, que se iba a cambiar y se quedaba con nosotras, que sus planes de fin de semana se habían cancelado.

Mis senos, debido al frío del agua, estaban duros, derechos, los pezones al máximo de salidos, la aureola pequeña, rosadita, se veían ricos, se los mostré sin pudor a su mirada. Tomó mi cara con su mano, me dio un beso en la mejilla y siguió hacía la casa. Bajó descalza y solo con una bata y la toalla, debajo de la bata iba sólo con el tanga, acompañándonos en nuestra desnudez. Guau, que mujer, es perfecta. Tiene 37 años, pero con todo en su lugar y muy bien proporcionado, se nota que se cuida, sin ser maniática de ello, sus pechos eran mas grandes y mas lindos de lo que prometían, con unos lindos pezones pequeños y rosa, que me moría por besar. Era encantadora y simpática, y muy cariñosa, con la hija todo eran mimos, como la hija con ella, estaban muy unidas, y a mi me llegaban caricias también de ambas. Carmen le decía a su hija que nunca pensó que fuese tan guapa y así se iban las dos en halagos, hasta que terminábamos las tres en empate.

Ese fin de semana me uní muchísimo a ellas, pegaban mucho con mi manera de ser, me sentí parte de ellas, una mas, pero sin saber definir en que lugar, pues a Carmen no la veía como se mira a una madre, me gustaba esa mujer, me encantaba, me había enamorado de ella. Nos hicimos por tanto casi inseparables, mientras estudiábamos íbamos con los preparativos de la boda, las tres juntas para casi todos lados, y nos lo pasábamos divino.

Cada día estaba mas enamorada de Carmen, nos habíamos echo amiguísimas, nos contábamos todo o casi todo, ni pensar en decirle lo que sentía, no sabían que era lesbiana, ni siquiera cuando sentía que ella me coqueteaba, o notaba en su mirada el deseo. Éramos expresivas en nuestros tactos, nos abrazábamos mucho, nos besábamos con inocencia las manos, la frente, los cachetes, y hasta el cuello, eran en esos momentos cuando sentía su pasión, como cuando me pillaba de espaldas y me abrazaba y metía su cara en mi cuello y me olía y besaba, en esos segundos notaba temblar su cuerpo al mío, y yo me entregaba a su deseo.

Así pasaron otros tres meses, íbamos a comenzar con los exámenes del segundo trimestre. Todo era bello, todo era perfecto, me sentía inmensamente feliz. Mi abuela y mi hermana habían venido algunos fines de semana, y Carmen no me permitía que se quedaran en mi apartamento, las instalaba en su casa, y a mi me tenía ya una habitación, que la llamaba la habitación de Mónica.

La casa tenía 5 habitaciones, 4 de ellas con baño completo y bastante amplias. Yo intentaba no abusar y no quedarme tanto, pero Carmen insistía mucho, sobre todo esas noches que Paola se iba con Javier de fin de semana, y a mi me encantaba levantarme y verla. Ese momento era demasiado tierno, cuando me abrazaba suave y ambas nos olíamos el cuello y los hombros, ese suave olor del despertar que me hacía casi perder el sentido. Solía tomar mi cara con una de sus manos y pasar lentamente el pulgar por mis labios, yo siempre esperaba su boca, al final, yo misma me mordía el labio con suavidad.

Carmen empezó a cambiar conmigo, me esquivaba si podía, contestaba muy poco mis llamadas, si lo hacía era de manera fría y no contestaba las que dejaba perder. Yo estaba que me volvía loca, no sabía que pasaba, si era por algún problema de ella o que yo le había echo algo. No comprendía, mi tristeza crecía, no podía estudiar, no tenía ganas de salir ni de ducharme. Quedaba con Paola para estudiar y por la noche me devolvía para mi casa mas depresiva de lo que me iba. Carmen no cambiaba su actitud conmigo, y Paola lo notaba, intentaba acercarnos sin éxito. Aprobé el trimestre por Paola, que me arrastraba y no me dejaba caer, yo no lo sabía, pero también tenía la misma lucha con su madre, nos levantaba a las dos sin la que la otra lo supiera… los estudios, atender al novio, los nervios de la boda con mil cosas por hacer y levantando a dos locas depresivas, y sin quejarse, tuvo aguante la chica, si señor.

Un sábado de esos, me llamó Paola temprano para que le alcanzara unas fotocopias que le tenía que dar, que me acercara yo en la moto que así era mas rápido por el tráfico, me duché y me fui para su casa; al llegar estaba Paola con Javier esperándome dentro del coche. Nos saludamos y al rato Paola se disculpó de Javier y me llevó aparte, me dijo que ya estaba harta, que la situación era insostenible, que sea lo que fuera que pasaba entre su madre y yo, esperaba que lo resolviéramos hoy mismo, que su madre llevaba 4 días en cama, sin siquiera ducharse, que la había obligado y ayudado hoy, que la tristeza la estaba matando, que también lloraba mucho, y que mi estado era tan lamentable como el de ella, que estaba claro que este distanciamiento no lo llevábamos bien, no había querido preguntarnos nuestras razones, ni nosotras habíamos echo el intento por contarle, así que nos tocaba resolverlo a nosotras, que ahora subiera hasta la habitación de su madre y que entrase. Yo no dije palabra, caminamos hasta la puerta, me abrazó fuertísimo, me besó dulcemente y mirándome a los ojos me dijo que recordara, que en su vida existían tres mujeres que eran el amor de su vida, y dos de ellas éramos su madre y yo, la otra la abuela, que nos amaba por encima de todo lo demás… y lo dijo de corazón, de verdad. Que cuando llegase el domingo me llamaba.

Entré y Paola cerró detrás de mi. La casa estaba sola, no se escuchaba ni un ruido, mientras subía hacía la habitación de Carmen mi cabeza era un torbellino, me temblaba todo, mis pensamientos iban de lo dicho por Paola y lo que le diría a Carmen cuando entrase. Sabía Paola que amaba a su madre mas allá del amor que nos profesábamos las tres?. Se daría cuenta de los de su madre?. Por que si no, por que estaba así?. Le diré lo que siento?. Y si me echa?. Ya estaba tocando, las piernas casi ni me sostenían, me dijo entra, pensando que era Paola, entré, encendí la luz, estaba tumbada en la cama, boca arriba, con la mano apoyada en la frente, los ojos hinchados de haber llorado mucho, tapada con una gruesa manta y el aire acondicionado a tope.

Al verme pude ver en sus ojos una tenue alegría, los cerró y tapó con la mano, me preguntó que hacía ahí… le dije que teníamos que hablar, que el aire acondicionado estaba muy fuerte y fui y lo bajé; me dijo que me fuera, que no teníamos nada de que hablar, eso me rompió por dentro, me dio mucho sentimiento escucharle eso, no era propio de ella y que me dolió mucho.

Logré contener algo mis lágrimas, pero ya estaba rota. No le hice caso y me acerqué a ella para sentarme a sus pies, ella se giró de medio lado dándome la espalda y con rabia me dijo que me fuera, que no me quería ahí, que por que no me iba de una vez, yo seguía de pie, intentando no romper a llorar, me estaba echando de su vida, sentí morir la mía.

Volvió a gritarme por que no te vas, y yo, rompiendo a llorar, yéndose toda mi vida en ese llanto le dije que porque la amaba. Ni yo me di cuenta de lo que había dicho hasta pasados unos segundos. Ella se quedó callada, inmóvil.

Yo con la voz rota de lágrimas y sentimiento comencé a decirle todo lo que sentía por ella desde el primer día que la vi. No me dejé nada, ni mi deseo, mis miedos, mi sufrimiento sin ella, la soledad de mi alma, ella se giró y me miraba tumbada en la cama, yo de pie bañada en lágrimas. Corrí al cuarto de baño a sonarme y lavarme la cara. Volví a su lado aún llorando a mares. Se levantó en silencio, se acercó a mi, levantó mi cara a la suya con sus manos y mirándome fijamente, con lágrimas en los ojos me dijo que lo que ella hiciera ahora dependería nuestro futuro, que estábamos en ese momento de la vida en que se puede cambiar el futuro. Que tenía que estar segura de mis sentimientos.

Empezó a besarme los ojos, a comerse mis lágrimas en cada beso, que aún no paraban de salir a mares. Mientras me besaba los ojos, la cara, el cuello por donde corrían esas lágrimas, me iba diciendo lo que sentía ella, sus sentimientos eran los mismos, me amaba locamente, desde que me conoció y ese amor fue creciendo, mientras mas me conocía mas me amaba, pero que ella era muy consciente de la edad, me llevaba 20 años, era menor que su propia hija, y para colmo era virgen y se sonrió y me besó en comisura de los labios, me fallaron hasta las piernas.

Ella me amaba, y tanto como yo a ella. Pero que a ella se le hacía imposible de conciencia amarme así, que ha intentando arrancarse ese amor, luchaba contra el, imaginando que yo no la amaba para hacerlo mas fácil, que intentaba verme como a su hija, por ver si ese sentimiento lo había confundido, pero se dormía soñándome y se despertaba igual. Yo le decía que la extrañaba, que sin sus caricias y mimos ya no podía estar, que no me sacara de su vida, la necesitaba como al aire, era mi vida, sin ella estaba marchita, que ella sabía cuán mujer era, que me había sentido debajo de sus caricias, como me sentía ahora. No me importaba no tener nada con ella siempre que me siguiera queriendo como lo había hecho hacia unos meses, que me mimara y me protegiera nada mas, pero que no me condenara a estar si ella.

Tomó mi cara con su mano, levantó el pulgar, luchó con él, y al final lo pasó suave y lento por mis labios y mirándolos fijamente se acercó y posó sus labios en los míos, me besó apenas en un susurro, tomó mi cara con ambas manos y siguió besándome los labios con pasión contenida, su boca temblaba con la mía, besaba por partes, me pillaba el labio inferior y lo mordía suavemente, se iba a la comisura y me besaba con pasión, pasaba su lengua por ellos, yo gemía ya abandonada en sus brazos, al fin su boca abrió la mía y nos fundimos, nos besábamos con mucha ternura, disfrutándonos como nos merecíamos, después de tanto aguantar, no parábamos de decirnos frases bellas de amor, las ganas que nos teníamos, mis manos la recorrían por la espalda, el cuello, los senos, la cara, ella igual conmigo. Yo estaba ya a mil, solo quería que me desnudara y me poseyera, que mi hiciera de ella, desnudarla y conocer y probar todos sus encantos. Así se lo fui diciendo al oído, que me tenía, que era de ella, que me tomara ya, que toda mi inocencia era para ella, que explorara que tenía para ella. La pasión la pudo, comenzó a desvestirme, quitó mi camisa, sacándomela por la cabeza, mis senos quedaron libres, hinchados, con el pezón majestuoso, los tomó con ambas manos, yo me estremecía de placer ante su tacto, sus manos los palparon, sus dedos lo recorrieron, y su boca se posó en uno de ellos, lo besó, pasó su lengua por el, lo mordisqueó suave, pasó al otro, y yo no paraba de gemir ante ese placer, subía por mi cuello y me iba besando mientras me decía lo rico que estaban, las ganas que tenía de probarlos, y me besaba en la boca con pasión diciéndome que era su vida. Yo le quité la bata y después el camisón, quedó solo en braguitas, la agarre por las nalgas y la atraje hacía mi, pegándola toda en mi y empecé a besarla yo, y a decirle lo rico que era estar así, lo que me hacia sentir, si ella sentía mis escalofríos como yo los de ella, y la besaba, la besaba sin fin, tomé sus preciosos senos en mis manos, los recorrí a besos y hundiéndome en el olor de su canalillo, metí sus pezones en mi boca, y los chupaba, lamía y mordía suavemente, sin causar daño, estaba entregada también a mi, a nuestro placer.

Me quitó el pantalón del chándal y hundió su nariz en mi sexo, aún con las bragas, dio un rugido, me tumbó en la cama, me quitó las bragas, me abrió las piernas se tumbó frente a ellas y metió sus brazos debajo de mi tomándome por las caderas, yo le dije que me dejara lavar, que aún no, pero ella me miró con cara de loca y me dijo que ni lo soñara, estaba muy excitada y yo también estaba empapadísima. Pasó su lengua por todo mi sexo, yo me estremecí de punta a punta y me arqueé, Carmen rugía diciendo que eso estaba muy rico, que como podía ser, que estaba divina, me pasaba la lengua tan rico, lo estaba disfrutando tanto que a mi me hacía sentir el doble de placer de todo lo divino que me iba diciendo que estaba, pasaba su lengua entre mis labios con suavidad, me chupaba el centro buscando mas de mis jugos que beber, y yo la complacía a chorros, estaba muy excitada, todo era rico, y mas al ser consciente que era la primera vez que mantenía relaciones, todo era la primera vez, y era para ella, eso nos daba mucho morbo.

Ella me decía que era una divinidad saber que las suyas eran las primeras caricias, las primeras sensaciones en mi cuerpo, y yo le decía que porque venían de ella, que era ella la que me hacía reaccionar así, con tanta entrega y amor. Me corrí unas cuantas veces en su boca, ella subía a mi boca diciéndome que probara mi ricura, y nos besábamos y nos mirábamos a los ojos diciéndonos todo con la mirada, sabiéndonos la una de la otra y entregándonos. La tumbé de espaldas y empecé a besarla suave por la cara, y fui bajando por su cuello, por sus senos jugando con ellos un rato, su barriga, vientre, llegué a su sexo, pasé mi mano por el y estaba empapado, la abrí de piernas y rugí también de placer al saborear sus fluidos, que ricura, la limpié toda, la saboreé y ella me iba diciendo que se lo comía rico, que siguiera en el, yo lo abrí y lo admiré bien, como había echo ella con el mío, pasando la lengua suave para sentir sus puntos mas sensibles, mi boca y lengua lo disfrutaron, atrapé su clítoris, y empecé a chupar, cada vez mas fuerte, la sentía jadear y retorcerse en mi boca, diciéndome cuanto me amaba, lo linda que era… empecé a meter un dedo en su centro, suavemente explorando por primera vez a una mujer, intentado hacerlo perfecto, ella me pedía que se lo metiera mas, yo lo hacía lentamente, me pidió que le metiera otro, y yo los lubriqué bien y comencé a explorar su cueva, era delicioso sentirla así, entregada, su calor en mis dedos gozando de mi amor.

Comencé con un ritmito de mete saca mientras no soltaba su clítoris que cada vez chupaba con mas intensidad, hasta que la sentí ponerse tensa, metió mis dedos en ella hasta donde daban y los mantuvo dentro de ella mientras explotaba en un rico orgasmo jadeando de placer, me la comí toda, saboreé su néctar y la besé completa, la giré y me afané en su espalda, besando todo su cuello, espalda, nalgas, muslos, pies, toda ella me la comí, ella se retorcía de placer ante mis caricias y palabras, abrí sus nalgas y bese su ano, lo recorrí todo con mi lengua y se la metí haciéndola gritar de placer. Se incorporó y me tumbó a mi de espaldas en la cama, me besó en los labios, con sus piernas abrió las mías y bajó y su boca se instaló en mi sexo. Me comía ricamente y me decía con pasión que era de ella, su lengua entraba rico en mi, y la sentía revolverse dentro con ardor. Yo le pedía que me penetrara con sus dedos.

A lametones llegué al orgasmo, y con mucha suavidad comenzó a penetrarme mientras me miraba mostrándome su pasión en sus gestos, y volvía a pasar su lengua y a besármelo, así fue entrando poco a poco en mi, era la primera vez que entraban en mi, primero fue su lengua y ahora su dedo, estaba totalmente entregada, ella se preocupaba si me dolía, pero yo sólo sentía placer, comenzó a sacar y meter sus dedos en mi, y me trabajó como yo lo había hecho con ella, y diiéndome lo rica que estaba, y como la ponía verme gozar para ella, por ella, la que te hace mujer con sus manos, me atarpó el clitoris y comezó a lamer suavemente, hasta q terminó chupándolao cada vez mas intensamente, me vino el orgasmo suavemente, y estalló fuerte, no pude aguantar gritar fuerte de placer, menos mal que estábamos solas. Sacó su dedo lleno de flujo y lo metió entre mis nalgas, su boca me limpió toda, y su dedo comenzó a jugar en mi ano, abriéndose paso solo con la puntita, se sentía riquísimo, ella siguió comiéndome y buscándome otro orgasmo, que me vino enseguida, sentí su dedo entrar mas en mi ano cuando estallé en el orgasmo. Me dio la vuelta y me comió el ano y mi corrida poniéndome de cuatro patas. Ya era toda de ella. Todo era delicioso.

Yo había llegado a su casa a las 11 de la mañana, ahora eran las 9 de la noche, nos habíamos amado sin importarnos el comer, beber… yo no necesitaba nada mas sino estar en sus brazos, envuelta en sus besos, mientras me hablaba y me contaba de su vida y de alguna noviecita sin importancia que había tenido. Nos olvidamos de todo que no fuéramos nosotras y nuestro amor.. Nos duchamos juntas y bajamos a la cocina a comer algo. Estábamos felices, bellas, con la piel aún sensible a los roces. Al llegar a la cocina nos sorprendió Paola, no la esperábamos hasta el domingo, y estaba sentada comiendo quesos y tomándose una copa de vino. Nos miró a los ojos, se levantó y nos abrió los brazos a las dos y nos estrechó en un enorme abrazo común, en sus ojos había alegría. Nos dijo que nos sentáramos, que seguro teníamos mucha hambre, sacó y picó mas queso, chorizo, lomo, jamón, nos preparó una rica tabla de embutidos, nos sirvió vino y mucho pan, mientras nos contaba que se había enfadado con Javier y se había venido, que en realidad estaba mas pendiente de nosotras que de él. Y esa había sido la discusión.

Se sentó frente a nosotras en la barra, y nos dijo que si no teníamos nada que contarle. Nosotras nos miramos asustadas, sin saber que decirle, y ella fue la que nos habló. Se había dado cuanta de nuestra atracción, sabía desde hacía mucho de nuestros sentimientos, que le había costado aceptar la homosexualidad de su madre, que ya se había dado cuenta desde la pubertad, cuando salía con aquella odiosa Teresa. Carmen me tenía agarrada de la mano, nuestros dedos estaban entrelazados, y Paola nos seguía hablando. Desde que me conoció, le gusté, y al notar en mi también un rechazo hacia los chicos, se dio cuenta que yo también podía serlo, y que al ver lo bien que nos llevábamos su madre y yo, soñó con que esto pasara, así que ella estaba tan feliz como nosotras, que solo había que ver la felicidad de nuestros ojos para saber que todo era puro, que nos amábamos de verdad.

Al otro día me mudé a su casa. Nuestra vida no puede ser mas perfecta. Han pasado ahora 5 años, y nos seguimos amando como la primera vez. Ella es mi vida, mi todo. Este año termino la carrera. Me tomaré un año sabático para viajar con Carmen. Después, y por petición de ella, me matricularé en medicina.

Paola al final se casó con Javier, y se divorciaron a los dos años. No entendía nuestro trío. Nunca aceptó esa unión que tenemos, se sentía fuera de nuestro vínculo, él nunca quiso entenderlo tampoco. Se fueron enfriando, y él puso el ultimatum de ellas o yo… y no fue elegido. Hace dos años que sale con un chico encantador, a este tenemos que echarlo de la casa, porque le encanta estar con nosotras. El dice que el hombre que nos tuvo y no nos disfrutó, es que no es hombre. Nos acepta, nos adora y ama a Paola con locura.

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