Doctora mía (Relato Lésbico)

Tuve que viajar repentinamete por cuestiones de trabajo a Las Islas Canarias, a un famoso parque temático, soy bióloga marina (no soy la Obregón), tengo 27 años. Soy alta, 1,73, rubia, de ojos almendrados verdes, complexión atlética, muy en forma debido a mi trabajo y casi siempre bronceada por mi pasión al mar, buenas curvas y buen pecho. Me llamo Paula, y todos me dicen que soy muy bella.

Tenía novio, se llamaba Alberto, y yo creía que era el hombre de mi vida, vivíamos juntos desde hacía 3 años, y aunque discutíamos a menudo por mis ausencias, era un tema indiscutible, era mi pasión el mar y no había nada que discutir.

Nuestras relaciones íntimas eran normalitas, había tenido amantes mejores, pero a Alberto lo amaba y me gustaba estar y compartir mi vida con él. Tengo bastante exito entre mis compañeros varones. Siempre llamo la atención en donde entre.

Tanto hombres como mujeres me miran mucho. Una amiga mía de la infancia siempre me dice que yo impongo mucho, que mi belleza y mi porte hacen que todo el mundo me mire, que exhalo una sensualidad que le encanta ver la reacción en la gente.

Ese día estaba en el aeropuerto, ya con el pasaje en la mano, hablando con Alberto desde una cabina, pues me quedaba poca batería en el movil y no la quería agotar para mi llegada a la isla.

Estaba sentada hablando, mas bien discutiendo e intentando convencer a Alberto con mimos, cuando la ví pasar, el estómago me dió un vuelco, las manos se me quedaron frías y me quedé en blanco de lo que estaba hablando, era una mujer como de 32 años, alta, de pelo castaño, piel trigueña, un cuerpo de escandalo cubierto por un traje chaqueta pantalon que realzaba su figura, su pecho dejaba asomar el canalillo por la chaqueta, para llegar a unos senos hermosos, redondos, tenía un culo perfecto… ella pareció notar mi mirada, se giró y miró directamente a mis ojos, me encontré con los ojos verdes mas bellos del mundo, su mirada pareció adivinar mis pensamientos y la mía los suyos, a mi me recorrió un escalofrío por el cuerpo que me dejó el estómago en un puño. Era una belleza, parecía una artista de cine, altiva, femenina, de caracter. Me quedé confundida, me notaba excitada, quería correr hacía ella y conocerla. Esto nunca me había pasado en la vida. Ella me sonrió y seguió su camino, mi mirada la siguió hasta que se perdió por el pasillo. La miré y detalle tanto que la volvería a reconocer en cualquier otro momento. Volví a Alberto que ya estaba a punto de colgarme y le dije lo de siempre, que me iba y punto, que hiciera lo que tenía que hacer y que dejase ya sus amenazas, que cuando la naturaleza me necesitaba corría mas que Tarzán, yo ya era así antes de que él me conociera, no deseaba cambiar, me gustaba ser como era. Y le colgué.

Me perdí por los pasillos buscando a la señora. Deseaba verla de nuevo. Perderme en las sensaciones que me habían producido sus ojos, sobre todo su mirada. Mi vuelo se retrasó 1 hora. Lo aproveché para alquilar con anticipación un coche a la llegada del aeropuerto, ya bastante era llegar sin reserva de hotel.

Llegué a la isla, recogí mi coche y me fui a buscar hotel antes que anocheciera. Yo conocía algo la zona de anteriores viajes, así que sabía mas o menos por donde iba. Había una convención de médicos y otra de mormones que tenían los hoteles llenos, sobre todo los últimos… de dónde sale tanto mormón?. Estaba en la recepción de un hotel pidiendo habitación ya desesperada y hambrienta, aunque fuese un sofá cama con el servicio, cuando llegó ella a la recepción, a mi casi me da un infarto, sólo escucharle la voz me hacía temblar las piernas, pero Dios, que me pasa?. Estaba despidiéndose de un señor en la entrada, le daba la gracias y le decía que no había problema, que ya la reserva estaba hecha y no tendría problema, no dejaba de mirar para mí de reojo. Llegó a la recepción cuando yo le decía al chico, entonces ni un huequito para mi?. Ya no conozco hoteles a donde ir.

Me temblaba todo y tenía miedo a caminar y que las piernas me fallasen. Pero con valor me dirigí a la salida, tanto por caminar como por separarme de su mirada, que parecía me quería decir mil cosas, y me daban ganas de ir hacía ella, tomar sus senos en mis manos y besar sus labios y cuello con pasión, que sensación sería tener los pechos de esa mujer en la boca… Salí a la calle y tomé aire para despejarme los sentidos de mi excitación, me dirijía al coche
cuando me me dijeron a la espalda:

—–“disculpa”..

Era su voz, me quedé petrificada y me giré con valentía, ya estaba a mi altura, iba con la misma ropa que en el aeropuerto, yo también, pero mas de sport, con vaqueros, botas y camisa que también dejaba mi canalillo a la vista a mis hermosos senos. Era ma alta que yo y de cerca era muchísimo mas bella, sus ojos me recorrían toda como con asombro. Se presentó, era la doctora Elena csdafags ndhsgshs, yo me presenté como Paula, me dijo que me había escuchado que no conseguía habitación, que un compañero de ella había buscado y no había conseguido, pero que al final se acomodó en la habitación de otros compañeros, que si yo quería y no me perecía atrevimiento por su parte, podíamos compartir la habitación de ella… casi me desmayo, con lo que producía en mi este mujerón y dormir con ella?. Guauuuuu… Le dije que me daba corte que me parecería un abuso por mi parte, no dejabamos de mirarnos a los ojos, me dijo, ya está decidido, te quedas conmigo, nos duchamos, bajamos a cenar que yo también estoy solita y hambrienta. Me agarró por el codo para hacerme caminar a su lado con tanta suavidad que mis poros respondieron poniéndo mi pelo de punta, Me dejé llevar. Su habitación era una doble suite, bastante linda y cómoda, con una habitación y cama matrimonial, un salón con sofá cama grande y cómodo, un baño completo, cocina, y lavadero.

Yo me quedaría en el sofacama y ella en la habitación, aunque compartiriamos el armario, yo no llevaba mucha ropa, debido a mi trabajo tengo mas bañadores y ropa de sport que otra cosa, ella se reía de como había hecho la maleta, mas bien la había deshecho, yo le explicaba que había tirado todo rápido en ella y en el bolso, antes de que llegase mi novio a casa y me pillara que me iba de viaje sorpresivamente, Ella se reía de mis cosas y de mi equipaje, pues llevaba también mi maletín de trabajo. Me parecía un sueño estar sentada en la cama con esa mujer, eran tantas mis sensaciones al rozarla, mirarla, olerla… y percibía que en ella yo también producía algo parecido, tenía ganas de besarla, de acariciar su cara, cuerpo pero ni borracha me atrevería. Y sentía pánico a que ella lo hiciera, tenía miedo a lo que pudiese sentir de verdad, a sus consecuencias, porque si de pensamiento sentía esto, que no sentiría en la realidad.

Ella se metió a duchar mientras yo planchaba un vestidito para bajar a cenar. Salió del baño y se metió a vestirse al cuarto, yo entré al baño y me llevé la ropa para vestirme en el.

Me duché y salí con el pelo chorreando que mojado me llegaba por debajo del pecho, con mi vestido de tirantes, sin sujetador, y descalza, ella estaba maquillándose en el espejo del salón, tenía un vaquero a la cadera, tenis, y una franela de lycra que dejaba ver algo de su barriguita cuando levantaba los brazos, estaba realmente divina, sus senos descubrían su forma y tamaño bajo la franela, yo tenía la boca seca, se fue girando a mi paso, se quedó de espaldas al espejo, apoyada en el mueble, cuando levanté la vista a ella me dijo:

—–“Estas realmete preciosa… no te secarás el pelo, verdad? Yo me reí con su piropo y le dije que no, que nunca lo hacía, que me aburría peinarme.

Quiso pintarme, a lo que me negué, era otra cosa que no solía hacer nunca, salvo en muy contadas ocasiones. Me puse unos converse, tapando algo las tiras con los calcetines, y ya estaba lista para salir, ella se reía con mi ropa, y me decía que parecía una niña de 14 años. La invité a un restaurante de la zona donde preparan una paella exquisita, no me apetecía comida de buffet en el hotel. Nos subimos a mi coche y la llevé a cenar a la orilla de la playa. Nos resumimos nuestras vidas en esas horas, nuestros ojos ya no podían esconder lo que sentíamos pero nuestras bocas eran incapaces de hablarlo, así que nos contabamos todo, yo le hablé de mi familia, trabajo, Alberto. Ella era pediatra, casada, tenía 37 años, aunque no los aparentaba, estaba riquisima y llevaba meses planteandose separarse, se les había acabado el amor hacía un par de años, sabía que su marido tenía una amante desde hacía uno meses, y quería dejarle libertad para rehacer su vida.

La paella le gustó bastante, caminamos por la orilla jugando a mojarnos y a veces hasta nos dabamos la mano y nos tocabamos con alguna excusa. A veces nos quedabamos muy pegadas cabeza con cabeza y los cuerpos juntos cuando mirabamos juntas alguna cosita que recogiamos del mar. Nos fuimos al hotel y en el bar nos tomamos un par de whisky, después subimos a la habitación, yo tenía que estar a las 8 de la mañana en el parque.

Nos acostamos un poco borrachitas, pero cada una en su cama, me quedé frita nada mas poner la cabeza en la cama y abrazar la almohada como si fuese a ella a quien abrazaba. A las 6:45 me despertó ella, sentada en mi cama y acariciándome la cabeza me dijo Paula, tienes que levantarte, yo soñolienta abrí los ojos y ahí mismo me sentí humedecer, me preguntó que si pedía el desayuno o bajabamos al comedor, me decidí por el comedor, desayunar con ella en la cama, en mi estado, era peligroso. Me levanté, le dí un beso en la frente con pasión contenida y me fui a dar una ducha fría con la sensación de su piel en mis labios que me duraría mucho tiempo.

Me vestí con short playeros, cholas, franelilla, ella con vaqueros y camisa, agarré mi bolso y maletín y bajamos al comedor, pero nuestras respiraciones y suspiros nos delataban, estabamos locas por yacer la una con la otra, tocarnos, acariciarnos, besarnos, explorarnos, entregarnos en cuerpo y alma. Ella no tenía que ir a la primera sección del congreso hasta las 4 de la tarde, no tenía nada que hacer así que la invité a venir conmigo, podía quedarse paseando por
el parque y disfrutando de las atracciones, aceptó encantada, esperé a que buscase el bolso y nos fuimos a trabajar y a pasear.

Antes de las 8 estabamos entrando al recinto, al público se abría a las 10, así que Elena me acompañó, entramos al laboratorio veterinario y allí ya había parte del equipo, nos presentamos y me explicaron el problema, tanto a los delfines como a las focas, le habían aparecido unas manchitas minúsculas en la piel, habían analizado el agua buscando de todo, pero no daban con la bacteria. Elena al ser médico no le sonaba la cosa a chino, y sabía de lo que hablamos, hasta miró algunas muestras del microscopio y opino, yo me sentía orgullosa.

A las 9:30 decidí bucear por las piscinas en busca de algo, algún musgo, o alga que se hubiese colado, necesitaba tomar muestras de las paredes y temperaturas. Me fui a los vestuarios acompañada de Elena y dos de los cuidadores de los delfines, pues me iba a meter en sus piscinas y sus jaulas, me duché, preparé el traje y salí con mi traje de neopreno a medio muslo, Elena casi se desmaya y los otros dos me comían con los ojos, hasta que Elena se recuperó y babeaba mirándome, yo estaba a mil otra vez, menos mal que me tenía que concentrar en el trabajo. Me puse la careta y decalza me lancé al agua. Tomé muestras subiendo y bajando a tomar aire, y siempre miraba buscándola.

Salí de la piscina, ella se me acercó y me dijo:

—–“Estas bellísima, se te ve feliz en tu trabajo y es muy interesante, yo le dije que se esperara a ver salir lo delfines para que comprendiera mi felicidad, quería mirar las manchitas de cerca.

Soltaron a dos, los mas locos, que jugaron conmigo a su antojo torturandome antes de dejarme ver sus pupitas, Elena aplaudía y reía sus travesuras animándolos a que siguieran zarandeándome.

Asi, entre duchas seguí a los focas y tomé mas muestras. Me cambié, las llevé al laboratorio, las separé e etiqueté y las dejé para analizar mas tarde. Tenía que almorzar con Elena y llevarla al hotel a que se cambiara para su cita.

Salimos del parque y comimos por ahí, ella solo me hablaba de mi trabajo, de lo preciosa que me veía realizandolo, que era como una sirena. Entre piropos nos dimos la tarde, tus ojos son bellos, anda que los tuyos…y tu boca, tienes unos labios perfectos, carnosos, y tu dientes… y así la llevé al hotel, aproveché para también cambiarme antes de irme al parque a analizar las muestras que quedaban y era trabajo mío.

Estaba bellisima, se vistió con una falda por encima de la rodilla y chaqueta baja que estilizaba su figura y unos tacones que me hacían parecer enana a su lado y que llevaba con absoluta confianza. La alcancé hasta el hotel donde se reunian y me fui a trabajar. No sabía a que hora saldría. Volví al hotel a las 9 de la noche, ella aún no había llegado, me subí un whisky a la habitación y encendí la tele, tenía hambre, pero me daba flojera comer sola, pasados 20
minutos tocaron a la puerta, abrí y era ella, tan majestuosa, bella, rica… en la cara se me notó.

Me dijo que sus compañeros habían quedado para seguir en juerga, pero que preferió venirse al hotel a ver si estaba yo y cenar conmigo. Le dije que yo la estaba esperando, que pidiesemos servicio de habitaciones y comiesemos viendo la tele y en pijama, a ella le encantó la idea. Asi que pedimos mas bien cosas de picoteo y nos duchamos y quedamos ligeritas de ropas, como no pensamos compartir cuarto, pues no se mete en le equipaje pijamas.

Teníamos unas franelas largas y las braguitas, sentadas comiendo y riéndonos con la tele, y bajándonos a lo tonto una botella de vino blanco bien frio.

Recogimos los restos, nos aseamos las bocas, abrimos el sofá y nos metimos en él a seguir viendo la tele, yo estaba a mil, tan empapada que había tenido que cambiarme el salva slip, y ya iba por camino de empapar este, la tenía pegada a mi, su olor me estaba enloqueciendo, no hacía sino pensar en sus pezones y la humedad de su sexo, quería comermela toda, ya no luchaba contra ese sentimiento, lo tenía asumido.

Ella se tumbó de lado, yo hice lo mismo y quedamos muy pegadas y frente a frente, solo nos mirabamos, conscientes que alguna tendría que dar el paso, yo le dije:

—–“Desde que te vi en el aeropuerto me impresionaste de una manera arrolladora, creeme si te digo que ni en sueños soñé con desear a una mujer y menos así pero lo cierto es que me traes loca, ella tomó una de mis manos, la llevó a su sexo, estaba sin braguitas, y la metió en el, estaba empapadisima y me dijo:
—–“Desde que te ví en la cabina de telefono del aeropuerto estoy así, creo que me voy a deshidratar, y creeme que nunca una mujer me ha puesto así. Mi boca buscó la suya, y nos fundimos en un apasionado beso que cada vez se tornaba mas dulce, mas tierno, mi mano descubría con suavidad y sin prisas cada pliegue de su sexo, cada secreto, cada punto que la hacía suspirar, se quitó la camisa y quedó desnudita para mi, yo la admiré un buen rato, mientras la acariciaba, y según mis manos la recorrian mi boca la saboreaba, no existía en ese momento nada mas, eramos ella y yo en el infinito.

Tome sus senos como tantas veces soñaba en hacer, cada uno en una mano, mi boca saboreaba los pezones y mi lengua jugaba con ellos, mi rodilla metida en su sexo, aprisionandolo para darle placer, mientas ella se retorcia hasta alcanzar un orgasmo, yo me lancé a su sexo, la abrí de piernas, me arrodille en el suelo con el cuerpo en la cama y me dedique a saborearla, a comerme todo su nectar, divino nectar el de doctora, limpiaba sus labios, pliegues, y mi lengua entraba en su orificio haciendola retorcerse de gusto, atrapé su clitoris con mis labios y empece a succionarlo suavemente pero con constancia y cada vez mas fuerte, se retorcia en mi boca, mis dedos estaban cerca de su orificino vaginal, la penetré y torcí mis dedos en busca de su punto g, y lo encontré a la primera, ya no jadeaba, ahora también chillaba intentando no hacerlo fuerte.

Se corrió de manera explosiva y duradera, procedi a limpiarla con mi boca cosa que me encantaba y me ponía a mil, le di la vuelta, la puse a cuatro patas y lamí su sexo por detras, bese su culo y metí mi lengua en el, mis dedos en su chocho y mi lengua en su culo, así le saque el tercer orgasmo que deguste a capricho, me la comí a besos, cara, cuello, cuerpo, piernas, pies, la hice toda mía.

Desesperada ya me quitó las bragas primero y metió su boca en mi sexo, me comía con desesperación, su pelo me hacía cosquillas en las piernas y estómago, se apartó y empezó a a jugar con sus dedos en mi sexo, abría, tocaba, hurgaba, metía, me tenía fuera de mi, estaba a reventar, necesita correrme ya, le pedí que no me torturara mas que me hiciera suya, que me sintiese irme en ella de una vez, puso sus labios en mi clitoris y me chupo suavemente, incrementando la fuerza, estaba riquisimo, una mano se coló por mi camisa y atrapó mis senos, tocando con suavidad mis pezones, en el momento que me venía el orgasmo metío dos dedos en mi chochito de golpe y los mantuvo arriba, presionando mi vagina, estalle en el mejor orgasmo que habia tenido en mi vida, ella me comió y limpió, metió su cabeza en mi camisa y se dedicó a jugar con mis pechos, hablandoles y contandoles como los había soñado, me quitó la camisa, me dió la vuelta y me beso cada milimetro de mi piel, hasta me besó entre mis nalgas, en las que se entretuvo masturbandose, con su chocho pegado a la nalga, acostada encima de mi, pasó una mano por debajo de mi hasta llegar a mi chocho, metió sus dedos entre mis labios y ayudada por sus peso y sus embestidas en mi nalgas me iba masturbando a mi, eso fue super sensual porque me iba hablando y diciendome todo lo que habia sentido al conocerme, al conocernos, yo me giré y la pedí que se acostara encima de mi, que ahora se diera igual pero en mi sexo, eso solia doler un poco, al juntar hueso con hueso, pero apalié el dolor contandole tambien lo que habia sentido, y lo que estaba sintiendo, LA AMABA y no quería separame de ella nunca jamas. Estuvimos toda la noche amandonos, reconociendonos, aceptando que no podriamos ya separarnos. Yo rompería con Alberto, ella pediría el divorcio.

Llevamos 8 meses juntas y somos realmente felices, estamos enamoradisimas la una de la otra, y cuando tiene tiempo me acompaña a mis viajes, y yo a los de ella. No nos cansamos de nuestros cuerpos y de darnos placer. No se describir lo que siento cada mañana al despertar en sus brazos, la suavidad de nuestros cuerpos, nuestro aroma mezclado, sus caricias y besos… Indescriptible. No podría ya vivir sin ella.

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