Amor lésbico

Un paseo inolvidable (Relato Lésbico)

Hola a todos, espero que estén disfrutando tanto como yo de los excitantes relatos que está página nos ofrece diariamente. Por lo pronto yo quiero hacer mi propio aporte así que por eso me he animado a enviar algo que me sucedió hace algún tiempo con mi mejor amiga.

Esto me sucedió hace varios años cuando no tenía muy claras preferencias sexuales aun cuando para ese entonces tenía novio y nuestra vida sexual era bastante activa. Si no lo han notado soy una chica, actualmente tengo 26 años y soy de Colombia. Físicamente no me puedo quejar puesto que Dios me ha dado un cuerpo bien formado, unos ojos verdes que embrujan (eso me dicen), una buena estatura (mido 1,75). Y, además, soy rubia con un trasero redondito y firme al igual que mis senos.
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Dos rubias dandose placer mutuamente

Mi Cuñadita (Rerlato Lésbico)

Mi primera mujer fue Camila, y eso nunca lo he podido olvidar. Ahora ya estoy casada y esto da muchas ventajas en cuanto al sexo, los viajes, etc. Mi esposo viaja mucho, y para que no me quedara sola, me asignó como guardián a su hermana Juliana.

Juliana es una bella chiquilla de 17 años, con muy poca experiencia , sus padres, que son fanáticos religiosos la cohiben a morir. Estudia en un colegio de esa comunidad religiosa y sólo para mujeres, tiene un amigo (casi novio) en el colegio de la misma comunidad para hombres.

Como estrictamente religiosos que son le prohiben todo lo que tenga que ver con sexo, es pecado mortal, le dicen. A su novio lo mismo, hasta los besos son pecaminosos según ellos.

Cuando ella llego a mi casa fue una sorpresa, casi ni la conocía, la había visto dos veces con uniforme y una en el matrimonio muy elegante. Me sorprendí al verla en sudadera y mucho más cuando estuvimos en la piscina de la unidad residencial.

Desde ese momento me entraron deseos de hacerle el amor, de recordar lo que habíamos hecho con Camila, pero ¿cómo? Era mi cuñada y bastante inocente, ¿qué hacer?
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Cuando dos mujeres se juntan, puede pasar cualquier cosa

Lencería erótica (Relato Lésbico)

Hola, me llamo Lorena, pero me dicen Lola. La historia que les voy a contar me pasó cuando tenía 19 años. Actualmente tengo 24. Bueno, ahora paso a contarles mi experiencia. A los 19 años, yo ya era una chica bastante linda, no por presumir, pero bueno, hay que decir la verdad. Soy morocha, mido 1,75, tengo los ojos verdes, piel bronceada, y a esa edad, mis medidas eran 92-60-90. Tenía unos pechos hermosos, bien redonditos, y mi cola estaba bien paradita.

Mi atracción por las mujeres empezó a los 15 años, cuando me empecé a dar cuenta que no sentía nada por los hombres, en cambio, cuando me juntaba con amigas en el cole, o entraba al vestuario del club, o solamente al ver a mi hermana en ropa interior, sentía como un cosquilleo adentro mío y hasta a veces me llegaba a poner un poco caliente. Me gustaba mucho masturbarme viendo películas de lesbianas o revistas, y me encantaba espiar a mi hermana cuando se cambiaba.

Bueno, lo que me pasó a los 19 años fue lo siguiente. Ese día era el cumpleaños de mi prima, se llama Florencia. Ella tenía 23, 4 más que yo. Es muy linda, bueno para mí, ella tiene pelo negro, ojos café, mide más o menos como yo, tiene los pechos hermosos y una cola mucho mejor. Bueno, el cumple empezaba a la mañana, pero yo me iba a quedar a dormir en su casa, como acostumbraba a hacer cada vez que iba. Cuando llegué a su casa, me abrió mi tía. Entré y ella me dijo:

- Pasa Lola, las chicas están en la pileta.

- Bueno tía, gracias -respondí yo.
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Dos rubias experimentan con varios juguetitos

Justicia (Relato Lésbico)

Realmente lo que me ha sucedido no requiere elaborar grandes cosas sobre ello, simplemente narrarlo, para que de algún modo pueda servir de experiencia a otras mujeres que, como yo, creemos tener un control poderoso sobre nuestra conducta, de acuerdo a los cánones que nosotras mismas hemos creado y por cuales habría de guiarse una mujer, actual . moderna e independiente.

Soy jefe de personal de una empresa importante en la capital de este país sudamericano y lo exitoso de mi gestión me ha ganado un merecido prestigio. Fue seguramente por eso , y quizás también por los contactos de mi padre en el medio comercial, que me llamaron con una oferta muy tentadora para hacerme cargo de la dirección general de la Academia .

La verdad es que yo no era una desconocida en el campo de la educación porque había trabajado allí hacía años, pero no en cargos directivos sino en el campo docente.

Al asumir mi cargo me instalaron en una magnifica oficina absolutamente moderna y me asignaron una secretaria que en realidad era una mujer muy bonita, rubia , casi escultural y simpática . Naturalmente yo parecía más bien una sirvienta suya. Ya he dicho que soy morena, más bien baja de estatura y que solamente me estaría salvando por mis ojos negros grandes y vivos mis piernas y mis pechos que son realmente excitantes , al decir de los que han tenido la oportunidad de apreciarlos que en realidad son muy pocos, digámoslo sin tapujos, solamente tres, pero la opinión es unánime.
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Sexo lésbico

Internado (Relato Lésbico)

Tras el jardín del colegio, en la oscuridad de la tarde, se ocultaban los bloques de edificios. El internado fue la solución que mamá estimó conveniente para que tuviera una educación disciplinada. Apenas salíamos a la calle y el tiempo libre que las monjas nos dejaban era muy poco para intentar ir a una discoteca o algo por el estilo. Sola en un internado. En una ciudad extraña. Sola con unas amigas que también estaban solas.

En el internado compartía habitación con Marta, una chica de Santander. Marta estaba muy desarrollada para tener diecisiete años. Las dos conseguíamos sacar chocolatinas de la cocinas sin que las monjas lo advirtieran. Nos unió nuestro gusto por lo prohibido.

Los viernes por la tarde hacíamos las maletas y nos arreglábamos para pasar el fin de semana con nuestras respectivas familias. Mamá me recibía cada vez con más cariño porque notaba que en el internado estaba madurando y convirtiéndome en una señorita. Una de esas tardes, Marta se cepillaba el cabello delante del espejo de nuestra habitación. Llevaba puesta la falda plisada del uniforme y todavía no se había puesto la camisa- Sólo llevaba puesto el sujetador y estaba preciosa.
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